domingo, 30 de agosto de 2020

¡LA MALDICIÓN DE LA BRUJA!

¡LA MALDICIÓN DE LA BRUJA!

Cuenta la leyenda que en el año de nuestro señor 2020, vivía en un pueblecito llamado Sant Cebrià de Vallalta, un joven solitario y taciturno. Nada le faltaba y tenía un grupo de amigos excepcioanles con los que compartía tardes y noches jugando sin parar. Chehi, así le llamaban sus más allegados, no era un tipo extremadamente sociable, aunque siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Su generosidad era conocida por aquellos lares y sus amigos se enorgullecían de tenerlo entre sus filas.


Un día llegó al poblado una joven mujer, hermosa como ninguna, con piel clara, ojos azules y un físico curvilíneo y atractivo. Se instaló justo al lado de la casa de nuestro protagonista y desde el primer día sus miradas se cruzaron. Chechi no era muy hablador y cada mañana se hacía el encontradizo, al salir de casa, con la excusa de un paseo matinal. Ella siempre estaba en el jardín, arreglando y cuidando de sus plantas, esperándole. Sus miradas se cruzaban durante sólo unos segundos, los suficientes para que Chechi notará un halo de maldad incómoda que contrastaba con el aspecto angelical de aquella hermosa criatura. Chechi se alejaba raudo con algo de recelo pero cada mañana volvía a provocar aquel peculiar encuentro como atrapado en una agónica telaraña.


Una tarde, mientras Chechi salía de casa, se encontró con la muchacha tendida en el suelo. Ella le pidió ayuda, diciéndole que se había torcido el tobillo y no podía entrar en casa. El fornido Chechi la tomó en sus brazos y la llevó hasta adentro y al entrar descubrió un oscuro lugar donde el ambiente era sumamente lúgubre. Al instante quiso irse, más sus pies no se movían del suelo. Estaba como hipnotizado por la belleza de la mujer.  Ella sonrió malignamente e intentó seducirlo, provocando que se apartara al instante.

-No puedo quedarme -le dijo con seriedad-, estoy a punto de ir a casa de mis colegas para jugar a juegos de mesa. Hoy toca Dominion.
Furiosa por su desplante, la joven intentó amenazarlo para que pasara la noche con ella, más él siguió negándose. Nada era más fuerte que el poder de la amistad.
- La noche de juegos es la noche de juegos y es sagrada -argumentó nuestro protagonista pensando en la sandez que acababa de decir. Aquella joven le gustaba muchísimo.
-¡Te vas a arrepentir por haberte negado! -le advirtió la joven, dejándolo marchar. Nadie había escapado nunca a su influjo y ese hecho tendría consecuencias.

Chechi acudió a su cita con ciertos nervios. La noche de juegos se llevó a cabo con total normalidad pero él no dejaba de pensar en ella. La caja de Dominion se abrió y nadie percibió que en ese momento una extraña mujer apareció en la mesa. Vigilaba sentada, sin que nadie fuera consciente de su presencia. Como si todo el mundo la conociera, sin perturbar la tranquilidad de la noche y sin decir ni una palabra. Era una más del grupo. Una presencia imposible de grabar en el recuerdo pero que dejaba en el ambiente una sensación enrarecida y oscura.

El juego se preparó con normalidad, 10 mazos de cartas que se erigieron como el mercado de compra. Entonces, sin previo aviso y aprovechando que nadir la percibía como algo extraño, la bruja se acercó a Chechi y dándole un beso, le susurró unas palabras al oído. Al instante uno de los mazos del mercado se transformó en el mazo de la carta llamada La Bruja. La criatura se acercó a uno de los compañeros de Chechi y controló su mente. Se sentó a la mesa y disfrutó de como Chechi perdía bajo el influjo de una carta maldita que su compañero, poseído por un control maligno, utilizaba una y otra vez. Chechi llenaba su mazo de maldiciones y no podía plantear estrategia alguna. Aquella era la maldición, su maldición
Esa misma noche, al recoger el juego pasó algo impactante. Al cerrar la caja, en ese mismo momento y no otro, la bruja despareció de su asiento. Minutos más tarde se dieron cuenta de que no habían guardado el reglamento y la volvieron a  abrir, en ese preciso instante y no otro , la bruja volvió a aparecer en su asiento, preparada para llevar a cabo, de nuevo, su venganza. Chechi no ganaría nunca más al Dominion en presencia de la hechicera. La maldición acompañó al juego durante el resto de su existencia, una existencia al lado de Chechi, una maldición que los unía de por vida.
Chechi nunca volvió a ver a aquella criatura nunca más.  Se le aparecía en sueños y le ofrecía su amor mostrándole mil delicias y turgencias. Ni así Chechi cedía a la tentación y despertaba sudando y nervioso implorando a Cthulhu que aquella persecución acabara algún día. Cada vez que jugaba al Dominion con sus amigos la joven sin nombre se sentaba a la mesa, le daba un beso y le susurraba al oído acompañándolo en el sufrimiento de su derrota. Tal era el amor que sentía por él, tal era la maldición que había urdido para poder compartir y saborear su desgracia eternamente.


Dedicado a Chechi.
Esta es la explicación de porqué no ganas al Dominion.

Igual que el crepúsculo que hay entre la luz y las sombras, hay en internet una zona desconocida en la cual todo es posible. Podría llamarse la dimensión de la imaginación, una dimensión donde nacen sucesos y cosas extraordinarias, un lugar donde los Dioses Primigenios son respetados. Un lugar de culto donde ningún foráneo está a salvo. El lugar donde, seguramente, empezará el fin de todo lo que existe. ¿Qué no es posible? Todo es posible en ¡ MUNDILLOFRIKY!   

martes, 25 de agosto de 2020

¡COMPETIVIAMISTAD MALSANA!

Está claro que la competitividad positiva fomenta el crecimiento personal, la superación y el aprendizaje. Todo muy bonito y muy positivo pero ¿Qué pasa cuando esa competitividad te produce un desasosiego y un desequilibrio personal? 

¡JUGANDO EN LA COCINA!
Este verano mi competitividad traspaso un límite y decidí parar y reflexionar. Estábamos de vacaciones con unos amigos y decidimos jugar a Scythe. En una partida anterior Ángel llevaba una facción que le permitía poder escoger dos opciones de la carta de encuentro. Esa pequeña ventaja le permitía avanzarse en las acciones de construcción ya que tenía material de sobras para hacerlas. Le recomendé, le rogué, le supliqué encarecidamente que no la escogiera para poder jugar con las mismas oportunidades. Se negó. Así de simple. 


Hicimos una colocación azarosa de las facciones en el tablero y el azar quiso que mi facción estuviera completamente rodeada por otras dos. Le recomendé, le rogué, le supliqué encarecidamente que me permitiera modificar esa parte del set up. Se negó. Así de simple. 

¡EXPANSIÓN DE BARCOS VOLADORES!
Mi yo más competitivo surgió al ser consciente de que Ángel (y por omisión, el resto del grupo) no respetaban mis necesidades en su propio beneficio. Empieza la partida y a los 30 minutos mi facción estaba ahogada, sin espació para moverse ni avanzar, completamente bloqueado y casi sin opciones. Ángel, Parramón y Chechi se jactaban de sus logros creando situaciones límite en las que, dudo que inconscientemente, creaban rencor y resquemor.

Ahí empezó mi viaje a una espiral de destrucción, donde mi bienestar y por ende la de mis putos amigos se iban a ver dañados. Yo quería acabar con mi sufrimiento, acabar aquella partida que no me aportaba diversión alguna. Ellos, en conjunto, y sobretodo Ángel, sólo querían ganar y demostrarse superiores. Pero aquello no era ninguna lección, ¡era una tortura!


¿Qué ocultaba aquella competitividad malsana? Personalmente creo que mis amiguitos están aquejados de problemas personales. Puede que problemas de baja autoestima, miedo al rechazo, narcisismo.. No sé, están jodidos y punto.

Parramón se esconde detrás de una poblada barba y de expresiones que incitan al colegueo más absurdo (¿Qué pasa hijo? ¡Aquí hay mandanga!). Es un tipo aparentemente simple con una mirada profunda y compleja. Mientras está en sociedad suele ser afable y tranquilo pero cuando saca la máquina de buscar geojunkers y no los encuentra se caga en todo lo que pilla. Es ver un río y el tipo se despelota y se lanza al agua en una acto de apareamiento sin sentido. Esfuerzo biológico impagado que el disfruta como un crío.


Chechi es un tipo calculador y tranquilo. Bajo esa falsa fachada se esconde un autentico mal nacido. Aparentemente educado "el cocinillas" (¡Qué no te engañen amigo! ¡Eso no es Gourmet!), suele aderezar en el más absoluto de los silencios, sus estrategias de juego más insanas. Le agradezco de todo corazón que le parara los pies a Ángel en esa aciaga partida. Sólo él podía hacerlo.

¡INVADIENDO EL ESPACIO PERSONAL DE CHECHI!
Ángel es un pedazo de mamón. No muestra ninguna sutileza a la hora de joderte y es capaz de maquinar con desfachatez situaciones en las que vas a pillar. Sé que su cara no es normal (ahí está la foto que no deberías mirar más de tres segundos), pero ir de redneck no lo salva de los actos que perpetra. Esas fechorías quedan impunes por su aparente fachada de tipo gracioso y divertido pero más allá, en lo más profundo des su alma, el color negro impera en una oscuridad de la que no podrá escapar jamás. 

¡REDNECK!
Aún así, son mis amigos. Y digo yo que si la naturaleza es sabia y hemos superado juntos lo que llevamos de pandemia, qué más puedo pedir. Los quiero con sus defectos y sin casi ninguna virtud. Los soporto como a una brisa y los añoro cuando no están. ¿Me desquician jugando al Scythe? Sí. Pero es lo que hay.  Jugaremos las partidas que haga falta y seguramente las perderé todas y alguno me desquiciara y tendré ganas de pillar un Mech y metérselo por...

Bueno para rebajar el tono del blog dejó caer una frase bíblica que se que os ponen un montón (sobretodo a Chechi).

SI CAEN, EL UNO LEVANTA AL OTRO.
¡AY DEL QUE CAE Y NO TIENE QUIEN LO LEVANTE!

Eclesiastes 4:10 / NVI

¡BRASS BIRMINGHAM Y EL TREPA!

Expectativa realidad. Muchas veces utilizamos esa expresión para comentar si un aspecto concreto nos ha defraudado o no. Hoy la voy a utilizar para hablar del BRASS BIRMINGHAM y he de avanzar que las espectativas han sido sobradamente superadas. ¡Este juego no decepciona lo más mínimo! He de decir que nunca jugué al original pero la leyenda  ya lo ponía en un altar al que pocos juegos tienen la suerte de llegar. 


Mi primer contacto con el juego no fue demasiado positivo. Hay que decir que nuestro amigo Parramón no vino con los deberes hechos y su explicación tenía algún que otro agujerillo (por menos habríamos colgado a Ángel). No vamos a culpar al pobre diablo que venía feliz y contento con su juego bajo el brazo. El amigo Parramón es el típico que dice "empezamos a jugar y ya iremos viendo". ¿Viendo qué? ¡Pedazo de...! Quien nos iba a decir que aquella tarde el tiempo se congelaría bajo el flujo interrumpido de los turnos y que el abordaje al reglamento buscando esto o aquello seria la acción más usada. Acabamos la partida con dudas, con inseguridad, con miedo y por eso decidimos darle otra oportunidad.


Esta vez habíamos reflexionado, habíamos consultado y ¡hasta Parramón se había leído el reglamento de juego! Con eso y todo nos vimos embarcados, una vez más, en un viaje lleno de dudas donde se podía vislumbrar el final de una agónica partida que acabo con mucho más conocimiento de causa. Habíamos pues, de rematar la faena y quedamos al día siguiente.


Con la seguridad de haber contribuido a la preparación iniciamos la tercera partida y... sí!!!!. Vaya partidaza, todo fluía, todo cuadraba, ¡todo era posible! Infinidad de opciones que debías pensar de forma milimétrica para poder hacer el corte quirúrgico donde más duele.


En Brass Birmingham todo encaja a la perfección y al final, encima, después de todo el sufrimiento, resulta que el juego es fácil de aprender. Pero no os fiéis, la estrategia es un plato que se sirve frío y en cada partida vas a sudar para poder optimizar tus ingresos y la adquisición de puntos.


No quiero ni pensar lo que seria jugar con alguien que lleva a sus espaldas unas 20 partidas. Seria el Messi del Brass, el dios absoluto. Suerte tenemos de que todos los involucrados en este juegazo partamos con el mismo nivel. Y además, en este juego la interacción es constante, cada fábrica que construyes puede alterar el continuo espacio tiempo y jorobar la estrategia más elaborada del adversario. Coger carbón, hierro, consumir cerveza, conectar un barrio con un canal o un ferrocarril... todo nos puede llevar a un destino desconocido e incierto. 


El aspecto gráfico es inmejorable, tablero de día, tablero de noche... detalles y más detalles que componen una sinfonía de la cual no vamos a cansarnos nunca. Adictivo hasta el tuétano, con una duración excesiva pero que vives con pasión, este Brass te deja siempre con ganas de más y pierdas o ganes ya estas creando o pensando una nueva estrategia para mejorar. Siempre se puede mejorar en el Brass, siempre puedes probar cosas nuevas, el juego te permite exhibir todo tu potencial y te invita a superarte. Una autentica delicia.

El juego hay que jugarlo a cuatro, seguro que escala a cualquier número, pero a cuatro es cuando adquiere su verdadero potencial. Hay también que diferenciar las dos eras, si piensas que la era de los canales tiene miga, prepárate para la era del ferrocarril, ¡la vas a flipar! Ya puedes sacar las uñas porque van a ir a por ti. Construye y hazlo bien porque tus adversarios estarán esperando tu fallo para saltar a la yugular.

¿Qué debemos evitar a la hora de jugar al Brass? Hay que evitar jugarlo con estúpidos, idiotas, majaderos, lelos y sobretodo con Ángel. Me remito a la imagen para que os hagáis una idea de lo que significa jugar con el amigo. 


Ángel seria el amigo Hunter, vamos un narcisista de pura cepa. El tipo es desconsiderado con los sentimientos de los demás y demuestra poca compasión a la hora de jugar. Lleva a rajatabla el yo, mí, me, conmigo y sólo se preocupa de cumplir sus deseos en el tablero. Él se puede equivocar y rectificar una acción fuera de turno pero como te equivoques tú, ¡te jodes! Vamos el típico trepa de manual, maestro de llevarse bien con todo el mundo para después construir en el momento preciso o aprovecharse de tus fábricas y hacer lo que le venga en gana. No os fiéis de la cara de lelo que tiene (no es forzada, el tipo tiene esa cara, ¡os lo juro!).  Intentad mirar fijamente a sus ojos. No podéis ¿verdad? ¡Pues imaginaos durante una partida de 3 horas!