sábado, 5 de junio de 2021

¡PALABRA DE PARRA!

A ver si soy capaz de explicártelo. Lee bien lo que te digo por si te sirve de algo, y de paso me sirve a mí también. El amigo Parra se mete en casa a las 18,30h de la tarde y sale fresco como una rosa a las 2 de la mañana. ¿Qué ha sucedido? Supuestamente nada malo, el tipo nos visita siempre para pasar el rato. Pero ayer apareció con el Feudum bajo el brazo y con esa sonrisa bobalicona con la que es capaz de soltar barbaridades sonoras del tipo: "¡Hijooooo!". Es escuchar la onomatopeya "¡Fuaaaaaaa!" (con el indice señalando el dedo) y ya no sé donde meterme.

Uno de los efectos secundarios de estas acciones básicas y primitivas es que algo se nos viene encima. Es como poner la tele y ver a Pedro Piqueras anunciando el fin del mundo. Andaba yo creando ago grande y su voz llegaba hasta mi en forma de amenaza.


- ¡Vengo a explicar el Feudum a Núria!- grita farfullando mientras los brazos aprietan la caja con fuerza- ¡He traído mandanga!


La mandanga es una palabra que utiliza para referirse a la teca, a la comida, a la bebida y entiendo que como comodín de otras expresiones (¡Te voy a dar mandanga!). Así es la infinita capacidad de estupidez del ser humano. Pero no le vamos a colgar el San Benito al colega, los demás tenemos la culpa de que sea así. Le reímos la gracias y él sigue con sus manifestaciones extremas que encierran ese daño colateral del que no nos damos cuenta y que llamamos amistad.


Bueno, después del comentario, se me estremeció todo el cuerpo. El tipo al que ya habíamos aguantado unas tres horas la última semana explicando el Feudum, volvía a la carga, más animado si cabe. Núria, a la que había estado avisando toda la semana, se saca un kilo de pipas y limonada fresca a cascoporro y se dispone a aguantar el chaparrón.


El amigo empieza la explicación y demuestra, una vez más, que ha dedicado tiempo y se ha dejado la piel en semejante hazaña. Lo miramos con expectación, con respeto, casi con veneración. Tiene toda nuestra atención. Durante más de dos horas asisto, de nuevo, a la tortura de una explicación que ahora parece mucho más clara, mucho más coherente y sin saber aún como elaborar mi estrategia creo que podría explicar el juego de forma acceptable. Él lo hace de forma magistral. Sin aspavientos, con seguridad, como si hubiera disparado toda su vida.

Doy fe, que cuando empezamos la partida tenía la seguridad de creer que sabía lo que estaba haciendo. Más tarde descubrí que no. ¿Tanta complejidad o eso es lo que nos han echo creer? La verdad es que el juego se entiende mientras lo juegas, ahora... generar de forma correcta y ordenada los puntos necesarios para alzarte con la victoria, eso... eso requiere más tiempo.


Entonces, ¿se trata de una obra maestra? Comprendo que por la expresión obra maestra se entiende ahora otra cosa, efímera y con fecha de caducidad. Ocurre, sobre todo, con los juegos de mesa. Hoy se llama obra maestra a algo que llega, deslumbra, es comentadísimo en las redes sociales, y al poco tiempo, meses e incluso semanas, se hunde en el olvido. Se diluye con rapidez y queda como referente para unos pocos. Sin ser maestro de casi nadie. Feudum tiene ese sabor, ese regustillo. Juegazo odiado por algunos, amado por otros, vilipendiado o parte imprescindible de la colección.

Hay, juegos que llegan en el momento adecuado y envejecen mal, quedan a la deriva. A veces no por culpa de ellos mismos como juegos, sino por lo que de ellos se dice. Y es que los comentarios que he oído de Feudum estas últimas semanas te proponen que corras, que huyas, y que no lo toques ni con un palo. Todo va tan rápido en este mundo en que vivimos que cuando estas a punto de decidirte, ese juego ya no es novedad. Y si pasado su momento alguien recuerda el juego y se entusiasma, puede ocurrir que no tenga con quien compartirlo o simplemente que sea inaccesible.

Desde Mundillofriky rompo una lanza a favor de los Parras de mundo. No sé si habrá uno o más de uno, pero hay que cuidar a esa especie en peligro de extinción. El Parra con su positividad e insistencia nos ha acercado el juego. Sin ningún tipo de comentario, huyendo de los clichés, con ganas de aprenderlo y de jugarlo. Vivimos inmersos en una ultramodernidad acelerada y patológica, sometida al mínimo esfuerzo. Nos encontramos, muchas veces, sin la facultad de reconocer y disfrutar de "obras maestras" que pasan ante nuestras narices. Hemos de movernos por emociones,  por intuición, por experiencia... Pero para hacer todo eso debemos ser fieles a nosotros mismos. Te gusta un juego por la ilustración, ¿te apetece comprártelo? Es tu decisión. Te pido amigo y amiga que lees este miserable blog, que interpretes y generes cultura, que nadie te limite, la ignorancia limita la facultad de elección. 

¿Cuantas personas van a dejar de disfrutar de Feudum por lo que han oído de él y no por que han experimentado? Muchas.


Amigo Parra, eres un autentico grano en el culo, a veces un poco almorrana. He de reconocer que desde el día que acabé bañándome en un río bajo un fuerte aguacero, desde ese mismo momento, la vida se ha de reinterpretar y decir no, es solamente una opción. Probad el juego si podéis. Un consejo, si podéis, hacedlo con un Parra. Le pone tanto amor, tanta intención que saca lo mejor de ti y en ese momento ya no hay juego duro ni difícil, solo hay diversión. 

La partida fue divertida. Puede que que por mi grupo de juego pero sé que no es así. El juego está bien. Va a ser mi favorito, no. Pero está bien pensado y sí, no es un euro medio, eso nos ha quedado claro. Miedo, ninguno. Si nosotros hemos podido entenderlo y jugarlo, todos podéis. Esfuerzo y pasión. 

Recordad que la voracidad con la que compramos y jugamos es una arma de doble filo de la que he sido víctima. Más calma, más tiempo, de esta manera los juegos (malos o buenos) generaran discípulos que los veneraran como merecen. Hay que jugarlos y no olvidarlos apenas empiezan a vivir. ¡Palabra de Parra!